martes, 1 de diciembre de 2020

Pos-poema N°81

La única verdad absoluta y eterna es la muerte. Con un moribundo ser en mi mano ya no queda nada por hacer. Cumplió su ciclo, así como algún día nos tocará a nosotros. El reloj de cada vida no se detiene. Aprovechen el tiempo, que se cuenta en horas humanas y nadie sabe cuantas nos quedan.


(Iván Andüstar Manquenahuel, el primer y único pos-poeta)

viernes, 16 de septiembre de 2011

La celebración

Desde el oasis observaste como todos se sumaron a las filas luego de hacerte hundir en ti mismo. Al llegar el sol en el cielo a cierta posición todos dejaron de hacer lo que hacían y emprendieron la marcha hacia un mismo sentido. El desierto todo tomó forma en la caminata humana hacia la nueva atracción que se había instalado lejos en el páramo. Desde el presente, tu oasis, viste como todos se adentraban en una vigilia nocturna dentro de instalaciones hechas de ramas y colores. Embriagados todos los humanos del desierto y adormecidos por música estridente y pintoresca bajo el efecto de líquidos estupefacientes, celebraron cosas que no entendieron. Bailaron juntos, bebieron juntos, comieron músculos de otros animales, se amaron e incluso hasta se odiaron muchas veces. Finalmente, mientras de lejos observabas con cautela aquella gran fiesta, viste como todos los seres comenzaron a entrar en estados de intoxicación transcurriendo la noche. De a poco cada una de las consciencias alteradas ahí presentes comenzaron a retorcerse y a quejarse de dolor. Uno a uno los gritos se fueron sumando y perpetuando; supiste desde el principio que aquél alarido que a esas horas de la madrugada se hacía general duraría hasta que despertara el alba sobre el desierto azulado.

Luego de amanecer el ruido cesó y pudiste por fin salir de tu oasis y caminar entre todos los cuerpos que yacían tendidos reponiéndose de aquel ritual sin sentido. Sabías que pasaría mucho hasta que alguno se dignara a abrir siquiera los ojos y ponerte de nuevo atención, así que tomándote tu tiempo exploraste el lugar y te dedicaste a observarlos percatándote de que podías aprender mucho más de ellos mientras estaban dormidos.

El primer paso

Buscando aquello que le da orden al sentido de la vida te perdiste navegando por el océano de las palabras. Tropezando entre vocalizaciones animales intentaste hacerle saber al mundo quien eras tú y que habías logrado ver. Pero en el intento fuiste tragado por la vorágine del mar de rostros parlantes unidos al conector principal; la televisión, que había creado en ellos lo que creían ser sus pensamientos. Nadie ya quería escuchar tu razón. Entonces te decidiste esconder dónde existe el real sentir y, sumergiéndote en tu oasis descubierto dentro del desierto humano, a ojos cerrados te ahogaste oyendo sus voces automatizadas desde los confines de tu tiempo lejano. Los rostros todos querían indicarte el camino, pero no confiaste en ninguna de sus palabras mal verbalizadas. ¡Ya no existe la sabiduría del verbo en el desierto humano! Te percataste, y esperaste entonces ahí, escondido hasta que todo volviera una vez más a tener sentido para ellos.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

La llegada


En el presente del tiempo se viven muchas cosas. Es un lugar desde el cual todas las experiencias pueden ser tenidas. Es un lugar donde se puede ser uno o se puede ser otro. O ser uno con los otros, que los otros sean uno o cualquier combinación posible. El presente es un punto desde el cual partir que nunca dejará de estar ahí si se tienen ganas de comenzar; también es un punto en el cual poder terminar lo ya empezado si se desea, pero siempre teniendo en cuenta que las cosas solo acaban para volver a nacer. Desde el presente puedes recordar el pasado o profetizar tu futuro, pero cada visita a ellos es a la vez el fin de un camino que abre las puertas a un nuevo viaje. El presente lo es todo, por eso todo momento  en él es una venida nueva. El presente es la llegada perpetua de la mente, el devenir absoluto de la vida. Desde él comienza este viaje.