Desde el oasis observaste como todos se sumaron a las filas luego de hacerte hundir en ti mismo. Al llegar el sol en el cielo a cierta posición todos dejaron de hacer lo que hacían y emprendieron la marcha hacia un mismo sentido. El desierto todo tomó forma en la caminata humana hacia la nueva atracción que se había instalado lejos en el páramo. Desde el presente, tu oasis, viste como todos se adentraban en una vigilia nocturna dentro de instalaciones hechas de ramas y colores. Embriagados todos los humanos del desierto y adormecidos por música estridente y pintoresca bajo el efecto de líquidos estupefacientes, celebraron cosas que no entendieron. Bailaron juntos, bebieron juntos, comieron músculos de otros animales, se amaron e incluso hasta se odiaron muchas veces. Finalmente, mientras de lejos observabas con cautela aquella gran fiesta, viste como todos los seres comenzaron a entrar en estados de intoxicación transcurriendo la noche. De a poco cada una de las consciencias alteradas ahí presentes comenzaron a retorcerse y a quejarse de dolor. Uno a uno los gritos se fueron sumando y perpetuando; supiste desde el principio que aquél alarido que a esas horas de la madrugada se hacía general duraría hasta que despertara el alba sobre el desierto azulado.
Luego de amanecer el ruido cesó y pudiste por fin salir de tu oasis y caminar entre todos los cuerpos que yacían tendidos reponiéndose de aquel ritual sin sentido. Sabías que pasaría mucho hasta que alguno se dignara a abrir siquiera los ojos y ponerte de nuevo atención, así que tomándote tu tiempo exploraste el lugar y te dedicaste a observarlos percatándote de que podías aprender mucho más de ellos mientras estaban dormidos.