viernes, 16 de septiembre de 2011

El primer paso

Buscando aquello que le da orden al sentido de la vida te perdiste navegando por el océano de las palabras. Tropezando entre vocalizaciones animales intentaste hacerle saber al mundo quien eras tú y que habías logrado ver. Pero en el intento fuiste tragado por la vorágine del mar de rostros parlantes unidos al conector principal; la televisión, que había creado en ellos lo que creían ser sus pensamientos. Nadie ya quería escuchar tu razón. Entonces te decidiste esconder dónde existe el real sentir y, sumergiéndote en tu oasis descubierto dentro del desierto humano, a ojos cerrados te ahogaste oyendo sus voces automatizadas desde los confines de tu tiempo lejano. Los rostros todos querían indicarte el camino, pero no confiaste en ninguna de sus palabras mal verbalizadas. ¡Ya no existe la sabiduría del verbo en el desierto humano! Te percataste, y esperaste entonces ahí, escondido hasta que todo volviera una vez más a tener sentido para ellos.

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